Joven poeta asesino
(Poema 35)
Tengo deseos inmensos de escribirle,
Escribirle a aquella silueta de grandes ojos,
Ojos oscuros, cegados por la luz, invadidos de sombras.
Pupilas profundas, hondas e infinitas,
Sedientas de paz, de oscuridad, de sangre,
Sangre negra rojiza.
Esa mirada asesina que es reflejada,
Se ve reflejada, en ese espejo herido,
Forzado a reflejar, la silueta de un asesino.
Cruel destino, perdido y obsoleto, alza su vino en copa
Golpea el cajón, desgarra su guitarra, es música,
Música que desangra sus propios tímpanos.
Melodías asesinas, buenas amigas,
Ya no vez ni oyes lo que a por ti se avecina,
Aquel poeta asesino, que a luz de vela no escribe.
Aquel poeta asesino, que a luz de luna escribe,
La que le crea sombras, que marchitan su esperanza,
Caen entre rejas algunas sombras.
Aquel joven poeta asesino, tiene rotas sus cejas
Y sus muñecas, que se han quedado
Incapacitadas de redacción.
Aquel joven poeta busca el peligro y la desazón,
Huye de su bien estar, de aquello que no causa dolor,
Porque no lo entiende, el disfruta de su aflicción.
Esa aflicción asesina que ataca desde adentro,
Causa las ganas de gritar y de llorar, muy lento,
Usa la máscara que tiene una sonrisa.
Usa la máscara para sonreír,
Usa una almohada para llorar,
Usa su corazón para asesinar.
Aquel joven poeta asesino es culpable,
Culpable de matar su sonrisa,
Y condenar a su alma, sumisa.
Aquel joven poeta asesino, que desangra con sus versos,
Ya no sabe llorar, es un pobre ingenuo,
Tan solo busca un hombro donde llorar,
Pero es un asesino, sabe apuñalar con sus besos,
No le des tu hombro, no seas otro amigo ingenuo;
Aquel joven poeta, tu vida te puede quitar.
JvB
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